Martes | 06.01.09
 
 
Rescate al amanecer (Rescue Dawn, EE.UU./2006)
Dirección: Werner Herzog
Editora: LK-Tel

Basada en la misma historia real que diera origen a uno de sus documentales, y a pesar de no tratarse de uno de los mejores títulos de su carrera, Rescate al amanecer es una muy buena película de “escape de prisión” con un Christian Bale ciento por ciento herzogiano.

Ahora dicen que Werner Herzog nunca se fue, aunque hasta hace un tiempo su nombre parecía relegado –al menos, durante gran parte de los años 90- a esa lista de directores con un pasado fulgurante y un presente de mediocridad artística. Pero, lo dicho, Herzog no se había ido, estaba apenas refugiado en la realización de documentales de diversa índole. Lo cierto es que el realizador alemán, famoso entre el gran público por títulos como Aguirre, la ira de Dios y Fitzcarraldo, dedicó al menos la mitad de su filmografía al documentalismo, territorio dentro del cual supo parir varios films de enorme interés, aunque menos conocidos que sus pares de ficción.

Precisamente algunos de sus últimos documentales –Grizzly Man y The Wild Blue Yonder, en particular- lograron que su nombre volviera a circular en festivales y plataformas de exhibición paralelas. De la noche a la mañana, la de Herzog pasó de ser una imagen demodé a encarnar a uno de los realizadores más cool del momento. Modas aparte, lo cierto es que esos dos largometrajes, entre otros producidos en la última década, volvieron a demostrar la fuerza inextinguible de su cine.

En 1997 Herzog dirigió un gran documental llamado Little Dieter Needs To Fly, relato de la vida y la obra de una figura que pareció haber nacido para ser retratada por él y nadie más que él. Dieter Dengler, piloto primero militar y luego civil, sobrevivió a lo largo de su vida a cinco accidentes aéreos. Entre otras historias extraordinarias, el “pequeño Dieter” –nacido en Alemania pero nacionalizado estadounidense- participó de uno de los primeros bombardeos sobre Laos, cuando la guerra a gran escala contra el Vietcong parecía una elucubración descabellada.

Derribado en territorio enemigo, el muchacho sobrevivió a la tortura, el encierro en un campo de prisioneros y, luego de un increíble escape, a las inclemencias de la más salvaje de las selvas. Esa es la anécdota narrada por el documental y, luego de la muerte del verdadero Dietler hace algunos años, la que Herzog vuelve a visitar en Rescate al amanecer, ahora dentro del terreno de la ficción y con algunos de los condicionamientos del cine de Hollywood, usados por el realizador para su propio beneficio como narrador.

A pesar de no tratarse de uno de los mejores films de su carrera, Rescate al amanecer es, entre otras cosas, una muy buena película “de escape”. Y por partida doble: al fin y al cabo, como dice uno de los personajes, la verdadera prisión no es tanto el campo de prisioneros como la jungla en su totalidad. Herzog elabora inteligentemente la progresión dramática con buenas escenas de suspenso y una caracterización de los personajes que nunca se siente cerca del estereotipo. Lo mismo puede decirse de los soldados vietnamitas, alejados del típico “charlie” al que el cine norteamericano nos ha acostumbrado luego de decenas de películas.

El Dietler encarnado por Christian Bale es una criatura ciento por ciento herzogiana, más cerca de la alienación que de la simple resistencia a las circunstancias adversas; un tipo capaz de sonreírle a la muerte a la cara e ingeniárselas para pasarle por el costado con una mueca burlona. Un poco como el mismo Herzog, quien reelabora los mecanismos de la narración clásica para volver a contar otra vez su historia favorita, la del hombre enfrentado a los peligros del cosmos.

Diego Brodersen

Cinta roja (Redbelt, EE.UU., 2008)
Dirección: David Mamet
Editora: LK-Tel

El director de Casa de juegos se acerca al cine de artes marciales de manera transversal, narrando la historia de un profesor de jiu-jitsu que, luego de una serie de problemas económicos y personales, deberá defender su honor y el fair play en un torneo deportivo.

A pesar de su título, que parece augurar “otra de artes marciales”, el último largometraje del realizador, guionista y dramaturgo norteamericano David Mamet mantiene pocos puntos de contacto con la tradición del cine de ese género, al menos durante los primeros dos tercios de su metraje. Drama semi-coral en el ya tradicional estilo del director de El honor de los Winslow y Casa de juegos, Cinta roja tiene como protagonista central a Mike Terry, un profesor de jiu-jitsu (en su variante brasileña), de la cual Mamet es confeso admirador.

En su local, que se mantiene a flote gracias a los dividendos del negocio textil de su mujer Sondra (Alice Braga, hija de la célebre Sonia), se dan cita una serie de estudiantes y practicantes del jiu-jitsu, entre ellos un policía con problemas económicos y una joven abogada víctima de una reciente violación. La trama comienza a complicarse cuando Mike conoce casualmente a una estrella de cine interpretada por Tim Allen que, se sabrá rápidamente, mantiene oculta una agenda secreta ligada a la realización de un campeonato de artes marciales de enorme interés comercial y económico para sus socios.

No se trata de uno de los mejores largometrajes de David Mamet, aunque en sus primeros tramos el manejo de la tensión narrativa, aderezada con afilados diálogos, sostiene un cierto grado de imprevisibilidad que aleja al film de caminos más transitados. Cerca del final, cuando el sufrido protagonista debe participar, a pesar de su resistencia inicial, en el susodicho campeonato para defender el honor de su nombre y la práctica limpia del deporte, el film reelabora una serie de lugares comunes, aunque con alguna que otra vuelta de tuerca.

Cinta roja es un film realizado con un presupuesto pequeño y una libertad artística absoluta, casi una declaración de principios. Un film fallido, sin dudas, pero interesante precisamente por ello.
La Madre de las Lágrimas (Italia, EE.UU./2007)
Dirección: Dario Argento
Editora: Emerald

El último largometraje de Dario Argento, protagonizado por su hija Asia, completa la trilogía de las Tres Madres con el habitual estilo deshilvanado del realizador. Lejos de las mejores obras del maestro del terror italiano, este Argento cosecha 2007 es un verdadero placer culpable.

El último Argento llega con muy mala prensa. Es bien cierto que, de un tiempo a esta parte y salvo honrosas excepciones –el muy interesante capítulo Jennifer de la serie "Maestros del horror", por caso-, el capo del horror alla italiana viene derrapando en cada nueva incursión cinematográfica.

Y no se trata simplemente de sus ya legendarias falencias narrativas y agujeros de guión tamaño XL: en sus mejores películas (Suspiria, Rojo profundo, Phenomena), estas notables características se vieron siempre equilibradas por un estilo visual que derrochaba imaginación y tenía sus puntos climáticos en varias escenas de antología. Se ha dicho muchas veces y suscribimos con creces: Argento solía filmar los crímenes como nadie y sus mejores secuencias eran virtuosas canteras de suspenso y horror en estado puro.

¿Qué ocurre entonces con La madre de las lágrimas (La Terza madre en el original italiano), esperado cierre de la trilogía de las Tres Madres iniciado con Suspiria en 1977 y que, hasta el momento, tenía su último capítulo en Inferno (1980)? Nada que esté a la altura de la primera entrega -tal vez la obra maestra de Argento- y varios escalones por debajo de la segunda. Dicho lo cual, la película posee algunos detalles de interés que la alejan de los más repetitivos esquemas de gran parte del terror contemporáneo, aunque en la prueba y el error reine suprema esta última.

Para no perder ninguna de las costumbres de la casa, La madre de las lágrimas hace gala de una historia tan deshilvanada como la de los títulos más reconocidos del realizador. Este defecto se transforma en una de las pequeñas virtudes de la película: su despreocupación a la hora de ir hacia delante sin siquiera detenerse un minuto a pensar en lo que acaba de ocurrir.

Al no requerir de una lógica que acerque al espectador ajustadas explicaciones acerca de los hechos sobrenaturales que comienzan a darse lugar en las calles de Roma, Argento se tira a la pileta con un primer y sanguinolento asesinato a manos de un grupo de adoradores de Mater Lacrimarum, la bruja que promete un nuevo reino de las lágrimas en pleno siglo XXI.

Y así seguirá, con mucho y desenfadado gore, avanzando a los tropezones sin darle demasiada importancia a la sensatez cinematográfica. Más allá de un nutrido grupo de personajes secundarios que, sobra decirlo, abandonan más pronto que tarde el mundo de los vivos, el film es un viaje de iniciación a un universo de poderes sobrenaturales del cual la protagonista apenas si tenía noticias.

Es otro de los méritos del film el contar con la fuerte presencia de la hija del director -Asia Argento en su cuarta película bajo las órdenes de papi-, quien se carga la película sobre los hombros y le pone el pecho a algunas escenas que, nobleza obliga, dan un poco de vergüenza ajena (el clímax del film es particularmente embarazoso, con su velocísima resolución y coda final en tono post-apocalíptico).

Rodada sin sonido directo (otra marca registrada) en locaciones romanas y un set subterráneo de reminiscencias lovecraftianas, el film cuenta además con la breve participación de Daria Nicolodi, madre de Asia tanto en la vida real como en la ficción, como una escurridiza bruja fantasmal con amplios conocimientos del ultramundo. Todo queda entonces en familia, como en un álbum familiar que sólo puede disfrutar la parentela y los amigos más cercanos. ¿Alguien dijo placer culpable?

Diego Brodersen

Música nocturna
Dirección: Rafael Filippelli
Editora: SBP

El último largometraje de Rafael Filippelli, protagonizado por Enrique Piñeyro, es una precisa descripción de los usos y costumbres de la intelectualidad porteña y narra la crisis matrimonial de una pareja, durante algunos días y noches, en una Buenos Aires noctámbula y melancólica.

A casi dos años de su presentación en el Bafici y doce meses después de su estreno comercial, acaba de editarse en formato digital el último largometraje del realizador Rafael Filippelli. Protagonizada por Enrique Piñeyro, Silvia Arazi y una Buenos Aires noctámbula y melancólica, y con guión del propio realizador y David Oubiña, Música nocturna supo generar no pocas discusiones entre cinéfilos y críticos de cine, centradas fundamentalmente en el ritmo y el tono adoptados para narrar esta historia mínima en su descripción básica (la crisis matrimonial de una pareja durante varios días y noches) pero compleja en sus resonancias.

Nacido en Buenos Aires hace 70 años pero desconocido para la inmensa mayoría de los espectadores argentinos, ajeno a los vaivenes de la cartelera cinematográfica y a las injerencias de la distribución comercial, marginal en múltiples sentidos, Rafael Filippelli ha desarrollado una filmografía breve, en extremo personal y rigurosa a la cual apenas unos pocos elegidos –porque acceder a ella implicaba un esfuerzo y una búsqueda muchas veces infructuosa- habían podido acceder, siempre de manera fragmentaria.

El de Filippeli es un cine que se imagina a sí mismo carente de certezas, un cine de la interrogación y de la duda, que acecha a sus historias y personajes desde la desnudez, sin puntos de partida inmóviles o dogmas estéticos inflexibles. Cineasta moderno al fin, para el director de Esas cuatro notas y Hay unos tipos abajo la cámara y la moviola se transforman en sus manos en dos elementos más dentro de la matriz cinematográfica, forman parte de una búsqueda que sólo puede completarse mediante la participación de un espectador dispuesto a abandonar la idea del film como mero objeto funcional.

Música nocturna podrá pecar, como sostienen algunos de sus espectadores, de “ombliguismo” en su descripción de los usos y costumbres de la intelectualidad porteña. Pero es precisamente en la construcción de esa suerte de aguafuerte concentrado, mediante una puesta en escena siempre rigurosa y elegante, donde descansan las características únicas de un cineasta “maldito” que comienza a tener su tardío reconocimiento.
Peligro y muerte en Mongkok (Hong Kong/2004)
Dirección: Yee Tung-Shing
Editora: SBP

El sello SBP continúa editando buenos ejemplares del cine oriental de género. El atípico film de Yee Tung-Shing, rodado en las calles de Hong Kong, baja los decibeles de la acción para narrar un melodrama policial con ribetes trágicos y algún que otro comentario social al paso.

Con algo de retraso –el film circuló por festivales de cine especializados hace ya unos cuatro años- llega al dvd local el film hongkonés Peligro y muerte en Mongkok, un particular exponente del cine policial hecho en la península que vio nacer cinematográficamente a realizadores como John Woo, Tsui Hark y Johnny To. Un poco a contramano de la pirotecnia visual de los dos primeros o del preciso ensamblaje de relojería del último, Yee Tung-Shing baja los decibeles de la acción para narrar un melodrama policial con ribetes trágicos y algún que otro comentario social al paso.

Más cerca entonces del tono de un título clásico como Long Arm of the Law (1984, Johnny Mak) -influyente film en el cual un grupo de chinos continentales entraba ilegalmente al híper capitalista Hong Kong de los años 80 para cometer un robo- que de la violenta estilización usualmente asociada con el cine producido en la región, Peligro y muerte en Mongkok narra las periféricas de una serie de personajes, criminales, policías y prostitutas, a lo largo de una noche en esa poblada zona comercial (de allí el título internacional en inglés One Nite in Mongkok).

La excusa argumental se dispara luego de que una sencilla rencilla adolescente entre bandas mafiosas rivales termina en asesinato, enfrentando a los cabecillas de las triadas y poniendo en riesgo el precario equilibrio logrado en las calles. Luego de un llamado telefónico, un novato asesino a sueldo interpretado por Daniel Wu ingresa a territorio hongkonés para llevar a cabo un crimen por encargo. En pocas horas conocerá a una joven (Cecilia Cheung) que se prostituye  para llevar dinero a su familia y el relato se complicará y ramificará en múltiples direcciones.

Rompiendo con varias expectativas respecto del derrotero de los personajes, el guión del realizador Yee Tung-Shing –veterano de la industria que, entre otras cosas, supo dirigir en el primer largometraje de la actriz, Viva Erotica (1996), a una entonces jovencísima Qi Shu- escapa a los lugares más comunes del film de acción para centrarse en las causas y algunas consecuencias del accionar de los personajes.

Algo parecido a la fatalidad parece perseguir al protagonista y a varios de los personajes secundarios y es precisamente esa predeterminación el punto más interesante de la construcción dramática: la prostituta y el asesino, nacidos en pueblos rurales de la China continental, son usados, abusados y, eventualmente, expulsados de esa metrópolis caníbal de la cual nunca podrán formar parte.

Más allá de algunas escenas redundantes, Peligro y muerte en Mongkok es un buen ejemplar del cine de policías y ladrones de Hong Kong, un film que, a diferencia del cada vez más rutinario policial norteamericano, ofrece no pocas virtudes y sorpresas.

Diego Brodersen

El imperio de los sentidos (Japón/1976)
Dirección: Nagisa Oshima
Editora: Plus Video

Además del clásico de Nagisa Oshima que revolucionó la representación del sexo en el cine de autor, el sello Plus Video ha editado otros dos revulsivos títulos de los años 70: El fantasma de la libertad, de Luis Buñuel, y La gran comilona, de Marco Ferreri.

Sin extras a la vista pero en copias verdaderamente espléndidas, acaban de lanzarse tres títulos representativos del cine de autor más polémico y revulsivo realizado en los años 70, década donde la libertad creativa en el cine europeo parecía estar a la orden del día. Precisamente de producción eminentemente francesa –Anatole Dauman fue su productor, con ayuda nipona del recientemente redescubierto Koji Wakamatsu-, El imperio de los sentidos fue presentada en el Festival de Cannes en su edición de 1976, para escándalo de propios y ajenos.

Basada en un hecho policial de la vida real ocurrido en Japón antes de la Segunda Guerra Mundial –llevado varias veces al cine-, el film de Oshima deja de lado los ribetes más anecdóticos del caso para centrarse en la relación íntima entre la prostituta Sada Abe y uno de sus clientes. Eros y Tánatos plasmados como nunca antes en el cine, El imperio de los sentidos fue concebida en parte como un acto de provocación a la censura del país de origen de su realizador, que respondió la afrenta con oscurecimientos ópticos que ocultaban los genitales de los actores.

Con una dosis apenas un poco menor de sexo pero cantidades nunca antes vistas de comida consumida en pantalla, La gran comilona fue presentada en el año 1973 como la provocación cinematográfico-gastronómica de otro consumado cineasta. Manteniendo en la ficción sus nombres de pila verdaderos, Marcello Mastroianni, Michel Piccoli, Philippe Noiret y Ugo Tognazzi, cuatro hombre de mediana edad algo hastiados de su vida cotidiana, se encierran en una mansión con la manifiesta intención de –literalmente- comer hasta morir.

Co-escrita junto a su colaborador habitual Rafael Azcona, La gran comilona es una de las más grandes bufonadas de Marco Ferreri, a la vez que una precisa radiografía de los hábitos y costumbres de la pequeña burguesía elaborada a partir de la hipérbole y el absurdo. Fiel a su costumbre, el humor y el horror caminan juntos tomados de la mano, descubriendo finalmente un sedimento de amargura y dolor existencial.

Otro realizador afecto a las bromas y el absurdo, Luis Buñuel, realizó cerca del final de su vida y su carrera uno de sus films más surrealistas y libres de los condicionamientos de las narraciones clásicas. El fantasma de la libertad (1974) sigue y abandona a sus personajes sin dar mayores explicaciones y aplica la teoría surrealista de la anulación de los opuestos, sorprendiendo al espectador con escenas y diálogos cada vez más sorprendentes, como el juego de cartas entre sacerdotes o la cena donde no se come pero sí se defeca. Créase o no, las películas de Buñuel solían recibir nominaciones a los premios Oscar.
Cómo sobrevivir a mi novia (Estados Unidos/2008)
Dirección: Nicholas Stoller
Editora: AVH

Con producción del célebre Judd Apatow (Ligeramente embarazada), esta noble comedia romántica se eleva por encima de su estructura algo rutinaria gracias al despliegue de gags hilarantes y a un tono que evita la explotación de los más evidentes recursos del género.

Dejando de lado las decenas de comediantes -grandes, medianos y de los otros- que habitan el universo de Hollywood, existen pocos personajes tan obsesivamente abocados al desarrollo de las bondades del humor como Judd Apatow, el (no tan) niño mimado de la comedia norteamericana contemporánea. Y ello es cierto tanto en su rol de guionista y realizador (Virgen a los 40, Ligeramente embarazada) como también de productor de proyectos de terceros (El reportero, la leyenda de Ron Burgundy, Drillbit Taylor, Supercool, Camina duro: la historia de Dewey Cox, No te metas con Zohan, entre muchos otros títulos recientes).

También es cierto que no todas las comedias citadas se ubican en el mismo escalón creativo, pero incluso en aquellos largometrajes que podrían considerarse apenas modestos existen logros e incluso algún chispazo de genialidad que no suelen pasar desapercibidos. Las razones seguramente sean complejas pero, hasta que alguna película demuestre lo contrario, lo cierto es que se trata de comedias que, como regla número uno de cierto código ético no escrito, no menosprecian al espectador ni trabajan sobre el menor denominador común como punto de partida de la comicidad.

Cómo sobrevivir a mi novia (Forgetting Sarah Marshall es su título original), escrita y protagonizada por Jason Segel y dirigida por Nicholas Stoller -debutantes ambos en sus esfuerzos detrás de las cámaras-, es una de esas comedias románticas algo rutinarias que, merced a la acumulación de unos cuantos buenos momentos y a la deliberada utilización de un tono que escapa a la explotación de los más obvios recursos del género, termina imponiéndose como un film simpático y noble.

La secuencia de apertura pone las cosas en movimiento sin retrasos: el pobre protagonista, un músico sin demasiadas aspiraciones, recibe a su novia completamente desnudo, sin dudas preparado para un poco de acción sexual luego de varios días de separación. Pero la muchacha, actriz televisiva con un mega-éxito de temporada en las pantallas norteamericanas, ha decidido abandonarlo, precisamente en ese momento. Reelaborando una situación visitada en infinidad de ocasiones, la escena resulta tan graciosa como patética, adelanto y ejemplo de los mejores momentos del film, aquellos que dan un nuevo giro a los clichés al uso.

De allí en más, el encuentro de la ex pareja en un hotel de Hawai dispara el resto del relato, que avanza con varios tropezones narrativos pero, como contrapartida, ofrece un puñado de gags hilarantes (lo son, precisamente, por su relación con el contexto y las expectativas del espectador). A ello hay que sumarle algunos buenos personajes secundarios, en particular el rockstar británico interpretado por Russell Brand, y alguna que otra secuencia antológica por su uso del humor ridículo.

En ese sentido, el hecho de no contar con estrellas reconocidas por el público ayuda a que Cómo sobrevivir a mi novia se sienta real y sincera a pesar del absurdo de los hechos y situaciones. De forma tal que el desenlace, tan inevitable como pertinente para una comedia que se hace llamar romántica, no se impone luego de una serie de trámites burocráticos sino a partir de la lógica propia del género, que descansa en hacer de la obviedad lo menos esperable.

Diego Brodersen

Procedimiento estándar (2008)
Dirección: Errol Morris
Editora: LK-Tel

Ganador del Gran Premio del Jurado en la Berlínale 2008, Standard Operating Procedure (SOP), un muy controvertido trabajo sobre los abusos a los prisioneros en la cárcel de Abu Ghraib, fue lanzado directamente en DVD con el título Procedimiento estándar.

Este nuevo film del creador de gemas como The Thin Blue Line, Gates of Heaven, Mr. Death: The Rise and Fall of Fred A. Leuchter Jr., Fast, Cheap & Out of Control y Niebla de guerra -que también ha sido editada en DVD por LK-Tel- no sólo recibió ese prestigioso reconocimiento sino que se convirtió además en el primer documental que compitió en la sección oficial en la larga historia de la Berlinale.

A partir de miles de impactantes y desgarradoras fotografías tomadas por los propios soldados y de una docena de testimonios de los arrepentidos protagonistas (varios de ellos condenados por estos hechos), el prestigioso realizador reconstruye los abusos psicológicos, las miserias humanas, las torturas y hasta alguna muerte que se produjeron en la cárcel iraquí de Abu Ghraib y que generaron un escándalo de alcance mundial en 2003.

Más allá de el gran trabajo de investigación y de la potencia de la denuncia, el film ofrece durante sus dos horas de relato algunas reconstrucciones ficcionalizadas poco convincentes y varias ideas que se reiteran demasiado. De todas formas, la música original del gran Danny Elfman y la contundencia de algunos pasajes con el sello del mejor Morris convierten a Procedimiento estándar en un estreno insoslayable para aquellos que se interesan por el documental político.

(Fuente: La Nación)
Silver City (Estados Unidos/2004)
Dirección: John Sayles
Editora: AVH

Un poco tarde, pero seguro, acaba de editarse directamente en DVD la penúltima película de ese ícono del cine independiente norteamericano que es John Sayles: un satírico retrato sobre un aspirante a la gobernación de Colorado y los secretos que se ocultan detrás de esa candidatura.

En una época anterior a la transformación del cine “independiente norteamericano” en una suerte de neo-género con reglas y clichés que suelen respetarse a rajatabla, John Sayles era reconocido como uno de los máximos representantes de ese espíritu de autodeterminación que escaseaba en el Hollywood más conservador y previsible. Sus films realizados en los años 90 -entre otros El secreto de Roan Inish, Lone Star y Hombres armados- parecían unir lo mejor de dos mundos: la claridad expositiva de las narraciones clásicas y una fascinante tendencia a trasponer los límites impuestos por esas mismas estructuras.

Al mismo tiempo, varias de sus mejores películas utilizan las estrategias de la sátira para reflexionar sobre algunos de los males de este mundo, particularmente de la sociedad norteamericana. Y ello es así desde que uno de sus primeros esfuerzos, la todavía extraordinaria The Brother from Another Planet, ponía en el centro de la escena a un alienígena negro y mudo perdido en las calles de Harlem. Estrenada originalmente hace unos cuatro años, Silver City vuelve a utilizar esas mismas armas para enfrentar una historia que tiene como protagonista a un candidato a gobernador del Estado de Colorado. Que es por completo una creación de ficción, claro está, aunque posea más de un punto de contacto con la realidad.

La primera secuencia no deja lugar a dudas al respecto: el futuro jefe de gobierno Dickie Pilager –interpretado con ironía de bajo perfil por Chris Cooper-, un político de derecha con serias dificultades a la hora de salirse del libreto escrito por sus asistentes, se encuentra rodando un bucólico anuncio al borde de un lago. Pero su caña de pescar esquiva milagrosamente a los peces de la zona para toparse con la mano de un cadáver, cuerpo inanimado que, precisamente por su estado, puede tornarse sumamente peligroso para el político y su círculo áulico de financistas.

De allí en más, Silver City apuesta a una narración crecientemente compleja, un rompecabezas en el cual la lista de personajes –y actores y actrices famosos y no tanto- van guiando la investigación que vertebra el resto del film. Como en un policial clásico, un investigador privado al que todos llaman simplemente Danny, otrora periodista comprometido ahora cooptado por el establishment, irá descubriendo una secreta red dedicada al tráfico de inmigrantes ilegales, poluciones del medio ambiente varias y un entramado de intereses económicos, inmobiliarios y políticos en el cual Pilager es apenas un títere con máscara siempre sonriente.

El desfile de estrellas –que afortunadamente nunca aparecen en pantalla como simples numeritos para la hinchada sino con un claro sentido dramático- incluye a Tim Roth, Maria Bello, Daryl Hannah, Miguel Ferrer, Kris Kristofferson y Richard Dreyfuss, éste último en la piel de un siniestro operador político encargado de manejar la agenda (y la personalidad) del futuro gobernador.

Silver City se cierra sobre si misma volviendo a las no tan plácidas aguas del comienzo. Esta vez, no hay un cadáver humano flotando plácidamente, sino cientos de peces muertos que se mecen al compás del himno nacional de los Estados Unidos. Sayles le pone así el moño a una película que suele pecar de cierta prédica al converso e incluso de algo de didactismo mal entendido, pero que logra sorprender con algunos cambios de registro y vueltas de tuerca bienvenidas y refrescantes.

Diego Brodersen

Camino a la redención (Reservation Road, EE.UU./2007)
Dirección: Terry George
Editora: Transeuropa

Preocupado por los cambios que se producen en víctimas y victimarios luego de un accidente automovilístico con final trágico, el film protagonizado por Joaquin Phoenix, Mark Ruffallo y Jennifer Connelly es un modesto drama de cámara con buenas actuaciones y más de una arista de interés.

¿Qué cambios se producen en las vidas de víctimas y victimarios luego de un accidente automovilístico con final trágico? Ese es el punto de partida psicológico –los aspectos morales devienen del mismo- de Camino a la redención, tercer largometraje del realizador Terry George (el mismo de Hotel Rwanda). En realidad, no se trata de cualquier clase de accidente, sino de aquel que los norteamericanos llaman hit-and-run, en el cual la persona al volante abandona a la víctima que acaba de atropellar en su intento por escapar a las consecuencias legales del hecho.

El guión del film, basado en la novela de John Burnham Schwartz, hace hincapié en el relato paralelo de dos personajes masculinos: el padre del niño muerto en la ruta, interpretado con bastante histrionismo por Joaquin Phoenix, y el asesino al volante encarnado por Mark Ruffallo, abogado y a su vez padre separado que se encuentra atravesando una importante crisis personal en su vida.

El hecho de que ambos vivan en un pequeño pueblo de Connecticut –donde, por otro lado, los problemas económicos no parecen acechar a los personajes- acerca al film a la estructura del drama de cámara. Particularmente cuando las causalidades determinan que Ruffalo debe encargarse de la búsqueda del responsable de la muerte del hijo de Phoenix.

Así repartidos los irónicos naipes del destino, Camino a la redención dedica buena parte de sus primeros tramos a las consecuencias personales de la pérdida de un hijo, la imposibilidad del duelo y las diferentes reacciones ante tamaña tragedia (Jennifer Connelly interpreta a la madre del niño fallecido con convicción, casi una versión realista de su papel como sufrida madre en Agua turbia). Por el otro lado, se centra inevitablemente en los sentimientos de culpa que coronan una existencia adulta poblada de errores y segundas oportunidades desaprovechadas.

A lo largo de sus modestos 100 minutos, y echando mano al recurso del viejo y siempre pagador suspenso, el film logra tensar las cuerdas que atraviesan el relato, aunque en última instancia los motivos que definen a los personajes no logran escapar de la batería de psicologismos al uso. Afortunadamente, Camino a la redención no se transforma en una oda a la justicia por mano propia sino todo lo contrario: en ese final que se niega a cerrarse definitivamente –como las heridas de los personajes- la película adopta una mirada más humana, menos justiciera y más piadosa.

Diego Brodersen

CJ7: Juguete del espacio (Hong Kong-EE.UU./2008)
Guión y dirección: Stephen Chow
Editora: LK-Tel

El intérprete, realizador, guionista y productor hongkonés Stephen Chow (Fútbol Kung Fu y Kung-fusión) es una de las estrellas asiáticas más importantes de las últimas dos décadas y una de las figuras con mayor futuro en Hollywood.

En este sentido, hace pocos días Sony Pictures confirmó que Chow dirigirá e interpretará el papel del enmascarado Kato (que hiciera famoso Bruce Lee en la serie televisiva de mediados de los años '60) en la versión cinematográfica de El Avispón Verde, que protagonizará y escribirá el cómico canadiense Seth Rogen y que hasta tiene fecha de estreno mundial: 25 de junio de 2010.

A los 46 años, Chow no es un desconocido para el público argentino, ya que hace tres años se editó directamente en DVD Fútbol Kung Fu, una delirante mezcla de artes marciales y deporte, mientras que Kung-fusión, una sátira sobre luchas entre gánsteres en la Shanghai de la década de 1940, tuvo un digno paso por la cartelera local con más de 80.000 espectadores.

A pesar de ese modesto éxito, el sello LK-Tel lanzó de forma directa en los videoclubes locales CJ7: Juguete del espacio, el más reciente y estimulante trabajo de Chow como guionista, productor y director, en el que se reservó también un papel secundario como un trabajador de la construcción de muy escasos recursos que debe hacer horas extras para lograr que Dicky, su único hijo, siga estudiando en una costosa escuela privada.

Pese a los esfuerzos económicos de su padre ausente, el pequeño no la pasa nada bien en el colegio, ya que es víctima de todo tipo de feroces burlas y de bromas pesadas por parte de sus compañeros que no le perdonan que pertenezca a otra clase social, que use ropa sucia y gastada, y que no disponga del nivel de consumo y del acceso a la tecnología que ellos disfrutan. Pero, claro, en otra de sus habituales reivindicaciones de antihéroes maltratados, Chow introduce un elemento propio de la comedia de ciencia ficción (una mascota llegada desde el espacio con insospechados poderes) que le cambiará la vida al atribulado protagonista y que le permitirá al director apelar a sus siempre imaginativos efectos visuales generados por computadora.

La edición local, para regocijo de los muchos seguidores incondicionales de Chow, es pletórica en materiales adicionales: comentarios en audio de los realizadores, un juego inspirado en el film, un detrás de escena de 14 minutos con declaraciones de Chow, un especial de televisión sobre la película (22 minutos), otras cuatro presentaciones especiales (Anatomía de una escena, Cómo intimidar a un intimidador; Cómo hacer un dulce y los perfiles de los diez personajes principales) que suman 20 minutos, y el avance de cine.

D. B.

Nota: texto publicado en el diario La Nación del 27/9/2008

Sed de mal (Touch of Evil, EE.UU./1958)
Dirección: Orson Welles
Editora: AVH

Luego de diez años de espera, acaba de editarse en nuestro país la edición restaurada en 1998 de Sed de mal, el policial negro dirigido y protagonizado por el enorme Orson Welles que retrata la lucha entre dos detectives en la frontera entre Estados Unidos y México.

Es bien conocida la historia de este clásico estrenado en el año 1958 que, según críticos e historiadores, clausura ese período del cine policial conocido como film noir. Orson Welles, el niño maravilla que mantuvo en vilo a todo un país con su adaptación radial de la novela de H.G. Welles “La guerra de los mundos”, sólo supo disfrutar de absoluta libertad creativa y excelentes condiciones de producción con su primer largometraje, El ciudadano. A partir de ese momento, la producción de cada nuevo proyecto terminó transformándose en un camino cuesta arriba, muchas veces en contra de la ceguera de productores e inversionistas.

Sed de mal, noveno largometraje del realizador, no fue la excepción. El film fue producido por Universal Pictures como producto de bajo presupuesto, con dos actores en ascenso acompañando a la gruesa figura del director– Charlton Heston venía de interpretar a Moisés en el film de Cecil B. deMille Los diez mandamientos, mientras que Janet Leight quedaría grabada en la retina de los espectadores dos años más tarde cuando Hitchcock la acuchille repetidas veces en Psicosis- y guión de Whit Masterson y el propio Welles. Por desgracia, una vez finalizado el montaje, la Universal, controlada en ese momento por Edward Muhl, remontó la película por completo alegando que resultaba incomprensible.

La copia recientemente editada en la Argentina con diez años de retraso es la versión restaurada en 1998, según las directivas de un memorando enviado por Welles a Edward Muhl hace ya cuarenta y dos años. Más allá de la secuencia de apertura que ahora puede apreciarse sin los molestos títulos de créditos –un impresionante plano secuencia registrado sobre una movediza grúa- y una fotografía en blanco y negro con predilección por los claroscuros que resulta un manjar para los ojos, lo que más sorprende en esta revisión de Sed de mal es el hecho de no haber perdido ninguna cualidades narrativas.

En la frontera entre los Estados Unidos y México dos detectives se enfrentan a un caso de asesinato con múltiples resonancias: el narcotráfico en carnales relaciones con la fuerza policíaca, los intereses creados, las viejas amistades que reaparecen –una envejecida pero radiante Marlene Dietrich se roba la pantalla en un papel secundario- y la central lucha ciclópea entre el gordísimo y corrupto Welles y el joven Heston, la imagen misma de la decencia. Excesivos y apasionantes, los remozados 106 minutos de Sed de mal son una muestra indiscutible del mejor Orson Welles.
La desaparición de Deauville (Francia/2007)
Dirección: Sophie Marceau
Editora: Gativideo

Dirigida por la actriz Sophie Marceau, en su segunda incursión como realizadora, La desaparición de Deauville es una de esas rarezas que el directo a video suele deparar de tanto en tanto, un film que homenajea a Hitckcock, De Palma y a cientos de policiales negros.

Derivativa pero ingeniosa, fallida pero interesante, La desaparición de Deauville (La Disparue de Deauville) es una de esas películas que, en la búsqueda rutinaria entre las bateas del videoclub, seguramente pase desapercibida para una inmensa mayoría.

Curiosamente, la directora del film es una de las actrices francesas de mayor perfil, aquí poniéndose detrás de la cámara por segunda vez y, si bien los resultados distan de la satisfacción que la sinopsis anuncia con bombos y platillos desde la contratapa del dvd, se trata al menos de uno de esos productos con visos de rareza que merecen cierta atención.

Sophie Marceau dirige este film, del cual también es su co-guionista, como si se tratara de una mixtura imperfecta de Hitchcock, De Palma y el Verhoeven de El cuarto hombre. Por momentos, el desenfado de las vueltas de tuerca y los juegos visuales ponen al espectador en una situación a mitad de camino entre la vergüenza ajena y la fascinación por la falta de frenos a la hora de darles varias vueltas a todos los clichés conocidos y por conocer.

Christopher Lambert –aquí con su pronunciación real, la más afrancesada Christophe Lambert, con acentos en la “o” y la segunda “e”- interpreta a un ex policía con serios problemas psicológicos -y un look mañana de resaca- obsesionado con desenrollar la madeja de un supuesto suicido que, más temprano que tarde, se revelará como falso. La primera pista la pondrá a disposición del investigador una misteriosa mujer cuyo peinado recuerda al de Betty Page y sus miradas, movimientos y mohines parecen gritar a los cuatro vientos “femme fatale” (la propia Marceau, como corresponde).

A la recete súmesele una famosa actriz fallecida en un extraño accidente automovilístico, una habitación de hotel que esconde demasiados secretos, un caso de pedofilia develado a partir de unas grabaciones caseras y la consabida inoperancia de la policía para llevar adelante la investigación y ya se tienen todos los condimentos de La desaparición de Deauville.

Lo dicho: no hay nada demasiado novedoso en las decenas de vericuetos de la trama ni en la construcción de unos personajes que parten del estereotipo para ganar algo de sustancia a base de pinceladas gruesas. Pero hay algo en esa mirada cándida, en una cinefilia que se reconoce como poco rigurosa y en la buena predisposición del espectador que hace del film de Sophie Marceau una de esas pequeñas rarezas que el directo a video suele deparar de tanto en tanto.
Camina duro: la historia de Dewey Cox
Dirección: Jake Kasdan
Editora: LK-Tel

A los 33 años, Jake Kasdan (hijo de Lawrence) se asoció con el omnipresente y todopoderoso Rey Midas de la Nueva Comedia Americana, Judd Apatow, para escribir y producir juntos esta delirante parodia a las biopics musicales protagonizada por el multifacético John C. Reilly.

Con una apuesta al juego referencial que remite a sagas como las de La pistola desnuda o ¿Y dónde está el piloto?, Camina duro... es una versión exagerada y disparatada de biopics musicales como Ray (sobre Ray Charles), Johnny y June, pasión y locura (sobre Johnny Cash); The Doors, de Oliver Stone; Bolas de fuego, sobre Jerry Lee Lewis) o documentales como Don't Look Back (sobre Bob Dylan), entre mucho otros.

El film arranca el día en que un ya veterano Dewey Cox se apresta a regresar a los escenarios luego de 25 años de ausencia para tocar y recibir un premio a la trayectoria (sobre el final aparecerán en el homenaje estrellas como Eddie Vedder, Lyle Lovett, Jewell y Jackson Browne). Dos minutos antes de salir a escena, el protagonista empieza a repasar su vida, un largo flashback de una hora y media que abarcará desde su traumática infancia (mata a su hermano y pierde el olfato) hasta su consagración con el tema Walk Hard, pasando por sus múltiples matrimonios y romances, su paternidad, sus adicciones a las drogas y los sucesivos cambios de estilos musicales.

Con un espíritu lúdico que los cinéfilos y melómanos más jóvenes sabrán disfrutar, Camina duro recorre desde sus comienzos ligados al blues, su paso por el country, su incursión en la canción de protesta, su etapa lisérgica, su período dentro de la música disco y un final en el que sus viejos clásicos son remixados para temas de cantantes de rap. El film tiene recreaciones concretas (Dewey Cox aparece junto con Elvis Presley, los Beatles o Buddy Holly, ) citas explícitas (el protagonista hace covers de David Bowie) y referencias más indirectas al sonido Motown o al sonido de Sun Records.

Kasdan y Apatow no dejan casi ningún tópico fuera de su desprejuiciado retrato, que muestra a un adolescente Cox pasando el trapo en un club nocturno regenteado por negros o a unos rabinos manejando buena parte del negocio. Las orgías, las internaciones por desintoxicación, los arranques de furia, la egolatría y el mesianismo, las penosas incursiones en la televisión, el hippismo y la predilección por las filosofías orientales en los años 60... todo es un buen pretexto para la mirada mordaz y sarcástica del dúo.

Además de la presencia de los músicos apuntados, el film está lleno de hilarantes cameos: Jack White (de The White Stripes) interpreta a Elvis Presley; Jason Schwartzman, a Ringo Starr; Paul Rudd, a John Lennon; Justin Long, a George Harrison; Jack Black, a Paul McCartney; y Adam Herschman, a Jerry Garcia, entre otros.

Extras: comentarios en audio de Kasdan, Apatow, Reilly y el productor ejecutivo Lew Morton, los videos completos de seis canciones (17 minutos), tres escenas eliminadas o extendidas (8 minutos), un especial que recorre durante 17 minutos el proceso de composición, grabación e interpretación en vivo de toda la música; y The Real Dewey Cox, falso documental en el que estrellas de la canción hablan de la importancia de la figura y las creaciones del protagonista del film.

Nota: Una versión similar de esta nota fue publicada previamente en la sección Cine en Casa del diario La Nación del 13/9/2008).
Colección El Superagente 86 (1965-70)
Directores varios
Editora: AVH

A razón de una temporada por mes, el sello AVH ha comenzado a editar todos los capítulos de esta notable serie televisiva que logró transformarse en un símbolo de pertenencia trans-generacional. Cada box-set de este clásico de la comedia trae una buena cantidad de materiales adicionales.

Las aventuras del primo bobo de James Bond, Maxwell Smart -el agente más famoso del recontraespionaje-, y su eterna colega, la agente 99, no necesitan de mayores presentaciones. Televisada originalmente entre los años 1965 y 1970, la serie creada por Mel Brooks y Buck Henry fue todo un éxito en los Estados Unidos bajo su título original Get Smart (expresión que puede traducirse como “atrapen a Smart” o bien como “avivate”).

En la Argentina, su transmisión en señales de aire y cable no ha tenido prácticamente interrupciones durante las últimas dos décadas y algunos de sus diálogos y gadgets (el zapatófono, el cono del silencio) han logrado convertirse en verdaderos símbolos de pertenencia trans-generacional.

El sello AVH ha comenzado a editar todas las temporadas de la serie en lanzamientos mensuales, en un verdadero acontecimiento para los fans y seguidores ocasionales, particularmente por presentar cada capítulo con una calidad de imagen muy superior a las versiones usualmente vistas en tv y con la posibilidad de apreciarlos en idioma original con subtítulos en español (ampliamente recomendable más allá de la nostalgia por el recordado doblaje).

Cada box set presenta, en orden cronológico, todos los episodios de la temporada correspondiente, reservando el último disco de cada cajita para los variados extras (documentales varios, bloopers, entrevistas, etcétera). En la caja dedicada a la primera temporada se destaca un capítulo imperdible: el piloto de la serie, rodado en blanco y negro, presenta a todos los personajes centrales de la serie y su primer gag –el primero en toda la saga televisiva de El superagente 86-, muestra a Smart en medio de un concierto atendiendo su zapatófono, increíble premonición de un molesto hábito contemporáneo.
Colección de clásicos del realizador Alfred Hitchcock
Dirección: Alfred Hitchcock
Editora: AVH

En ediciones muy cuidadas y repletas de extras de interés, fueron editados otros siete clásicos del maestro del suspenso, como La ventana indiscreta, La sombra de una duda, Frenesí, Marnie y La soga.

Durante las últimas semanas, el sello AVH ha lanzado al mercado local, en ediciones independientes, los discos que integran uno de los boxsets más codiciados por los coleccionistas de dvds Zona 1: Alfred Hitchcock – The Masterpiece Collection. Se trata, como su nombre lo indica, de una serie de discos que incluyen varios de los mejores largometrajes -y algunos films menos vistos- del gran realizador británico bautizado por la prensa como “el rey del suspenso”.

La ventana indiscreta (1954), El hombre que sabía demasiado (versión norteamericana, 1956) o Psicosis (1960) son films que no necesitan de presentación alguna: las imágenes de James Stewart observando a sus vecinos y descubriendo un truculento asesinato, la secuencia del crimen en plena función operística o los famosos planos detalle de la muerte en la ducha ya forman parte del imaginario cinematográfico de todas las épocas. Las copias de estos tres títulos, como los del resto de la colección, han sido restauradas con gran cuidado y atención y pueden volver a disfrutarse o descubrirse con excelente calidad de imagen y audio.

Lo mismo puede afirmarse de las ediciones de La soga (1948, estrenada en su momento en la Argentina con el título Festín diabólico) y La sombra de una duda (1943). El primero probablemente sea el film más experimental de Hitch, rodado en una serie de extensos planos secuencias donde los cortes de cámara sólo hacen aparición –necesariamente- durante los cambios de rollo; la segunda, la película favorita del realizador, es una de las obras más perfectas en su filmografía, con un Joseph Cotten encantadoramente aterrador.

La buena noticia es que, además de estos títulos muy populares en el momento de su estreno, la selección de films incluye otras películas como Frenesí (1972), una extraordinaria comedia negra que se transformó en su primer proyecto británico en más de tres décadas, además de consagrarse como el film más violento de su carrera. También es posible asomarse a Topaz (1969), probablemente el único largometraje poco interesante de toda su carrera, o Marnie, la ladrona (1964), protagonizada por Tippi Hedren y un jovencísimo Sean Connery.

Cada disco incluye, al menos, un documental sobre la realización del film en cuestión, además del trailer cinematográfico original. Este último detalle no resulta menor, ya que las “colas” de Hitchcock resultan pequeñas joyas del séptimo arte en todo su derecho. Ver, por ejemplo, el adelanto de La soga, conformado por una escena que transcurre en un espacio temporal anterior al del film o el increíble tour por el set de Psicosis con un guía turístico de lujo.
Jugando sucio (Leatherheads, EE.UU./2008)
Dirección: George Clooney
Editora: AVH

En parte película de deportes, en parte comedia romántica, el tercer largometraje como realizador de George Clooney recrea los años 20 -y el mundillo del fútbol americano- en una historia que revitaliza la screwball comedy clásica con armas nobles y resultados estimulantes.

Casos y cosas de la distribución local, el tercer largometraje de George Clooney como realizador ha visto de lejos las marquesinas de la cartelera cinematográfica para recibir un modesto lanzamiento en dvd. Extraño, en particular si se tiene en cuenta que Jugando sucio poseía más de un atractivo popular desde el punto de vista del reparto -en el que al mismo Clooney se le suma la blonda Renée Zellwegger- y que su estructura de comedia romántica parecía asegurar un piso de espectadores.

Alejándose temática y estilísticamente tanto de Confesiones de una mente peligrosa como de Buenas noches, y buena suerte –pero manteniendo el anclaje en la reconstrucción histórica del film “de época”-, Jugando sucio intenta revitalizar la screwball comedy clásica con armas nobles y resultados estimulantes. A mediados de los años 20, en plena jazz age, Clooney encarna a un jugador de fútbol americano, capitán de los Bulldogs, equipo que intenta sobrevivir en una era de deportistas amateurs, mucho antes de la transformación de los deportes en espectáculos multimillonarios.

Ante la inminente posibilidad del desastre financiero, el jugador devenido empresario decide incorporar a sus filas al joven delantero de un equipo universitario, héroe de la Primera Guerra admirado por los hombres y adorado por las mujeres. El triángulo romántico se completa con la aparición de la periodista interpretada por Renée Zellweger, dispuesta a descubrir ciertas verdades ocultas detrás del supuesto heroísmo de la nueva adquisición de los Bulldogs.

En parte película de deportes, en parte comedia romántica, es precisamente en este último departamento donde Jugando sucio se revela como un más que digno descendiente de aquellas enormes comedias de los años 30 y 40. Clooney sigue demostrando que, como director de films que conjugan lo popular con intereses cinematográficos absolutamente personales, todavía tiene mucho para ofrecer.
El discreto encanto de la burguesía (Francia, España, 1972)
de Luis Buñuel
Editora: Plus Video/Gativideo

Los seguidores de Luis Buñuel están de parabienes. Al lanzamiento reciente, en copias restauradas, de Belle de jour y Ese oscuro objeto del deseo, viene ahora a sumarse el film más surrealista de su última etapa, marcado por la lógica de los sueños.

Las discusiones entre los seguidores de Luis Buñuel suelen no tener fin cuando el tópico se centra en la cuestión de cuál es el período más fructífero e interesante de su carrera. Desde hace un tiempo existe, es cierto, cierto consenso crítico que ubica su etapa mexicana como perfecto ejemplo de combinación entre arte e industria; según esa teoría, serían los mismos condicionamientos del proceso de producción –guiones que no escapan de los lineamientos de los géneros populares, trabajo con estrellas, etc.- los que explotaban al máximo las capacidad creativas del cineasta aragonés.

Otros, sin embargo, prefieren la temprana y brevísima obra ciento por ciento surrealista integrada por Un perro andaluz y La edad de oro. Finalmente, un tercer grupo destaca sin dudarlo sus últimos largometrajes -todos ellos producidos en Francia- como el pico artístico de su carrera, etapa que se inicia en 1963 con la adaptación de Diario de una camarera. Es precisamente este período el que viene recibiendo cierta atención en el mercado del dvd argentino, con una serie de lanzamientos –tres hasta el momento- del sello Plus Video.

A la aparición en copias restauradas de Belle de Jour y Ese oscuro objeto del deseo, editadas durante los últimos meses, viene ahora a sumarse su antepenúltimo largometraje, El discreto encanto de la burguesía, film insignia que parece resumir gran parte de las obsesiones temáticas del realizador. Tal vez su film más surrealista en esta última etapa, sin dudas el más marcado por la impronta de lo onírico, Buñuel y su habitual guionista Jean-Claude Carrière abandonan por completo cualquier anclaje en el realismo para abandonarse a un juego que hace de la lógica de los sueños el motor primordial de todas y cada una de las escenas.

Ese aspecto lúdico hace de El discreto encanto… uno de los largometrajes más estimulantes y divertidos del realizador, con su grupo de pequeñoburgueses intentando, sin demasiado éxito, cenar o almorzar en grupo a lo largo de una serie de días (o sueños). Ni siquiera la presencia constante de la muerte parece amedrentar a los comensales, que repiten hasta el hartazgo la misma serie de ridículos, estériles rituales.

Una gran película que, además, nos recuerda los cambios en la apreciación del cine de un tiempo a esta parte. ¿O acaso alguien imagina a la actual Academia de Hollywood dándole un Oscar a un film como éste?

Diego Brodersen

Colección Jacques Tati y Colección Hnos. Marx
Directores varios
Editora: AVH

El sello AVH acaba de lanzar, de forma simultánea, cuatro films del gran comediante francés Jacques Tati y los primeros cinco largometrajes del cuarteto de hermanos comediantes más famosos de la historia: los Marx. Una excelente noticia para cinéfilos y coleccionistas de cine clásico.

En un mercado que, más allá del esporádico lanzamiento de algunos títulos, continúa vistiendo pantalones cortos en lo que respecta al universo del cine del pasado, resulta más que bienvenida la aparición de dos colecciones dedicadas a dos estilos muy diferentes de comedia. El sello AVH, que durante este 2008 ha reforzado ostensiblemente su librería de films clásicos, editó simultáneamente nueve largometrajes protagonizados, en cinco casos, por los famosos Hermanos Marx y, en los cuatro restantes, por el comediante y realizador francés Jacques Tati.

La colección dedicada a Tati está integrada por su primer largometraje, Día de fiesta, que se presenta en su versión en colores, restaurada recientemente por su hija Sophie Tatischeff. Rodada en 1947 con dos cámaras -una con un negativo en blanco y negro, la otra con un proceso experimental en colores-, problemas de producción hicieron que el film sólo se conociera en la primera de estas versiones. Día de fiesta anticipa muchas de las constantes humorísticas que Tati continuaría investigando en largometrajes posteriores, como Las vacaciones del Sr. Hulot y Mi tío, otros dos títulos que integran esta colección.

El cuarteto de films del francés se completa con la que quizás sea su obra maestra, Play Time, un extraordinario tratado, en clave de humor, sobre las sociedades modernas y algunas de sus taras más evidentes. Virtualmente sin palabras, el film presenta una serie de secuencias de enorme belleza visual donde los patrones arquitectónicos refuerzan un estilo de comicidad que reelabora de manera personal varios tópicos de la comedia muda. Play Time viene acompañada de un par de documentales de enorme interés histórico.

La segunda colección en formato digital presenta los primeros cinco largometrajes de los Hermanos Marx -Groucho, Chico, Harpo y Zeppo-, producidos por Paramount Pictures entre 1929 y 1933. Se trata, sin dudas, de las películas más anárquicas y disparatadas de su filmografía, antes de su pase a la Metro Goldwyn Mayer: Los cuatro cocos (Cocoanuts), El conflicto de los Marx (Animal Crackers), Pistoleros de agua dulce (Monkey Business), Plumas de caballo –estas dos dirigidas por Norman Z. McLeod- y la extraordinaria Sopa de ganso, de Leo McCarey.

Las ediciones son idénticas a las lanzadas en territorio estadounidense hace algunos años y no poseen demasiados extras, apenas algunas apariciones televisivas en los años 60 de Groucho y Harpo. De todas formas, las verdaderas estrellas son las mismas películas, inigualables en su vertiginoso uso tanto del humor físico como del verbal. Cinco joyas que, por momentos, se convierten en verdaderos compendios de humor surrealista.
Kundun (Estados Unidos/1997)
De Martin Scorsese
Editora: Plus Video

De la amplia filmografía de Scorsese sólo quedaba un título no editado en nuestro país. La espera de más de una década terminó con la edición de esta polémica y bella película que reconstruye los primeros años de la compleja y trágica historia del décimocuarto y actual Dalai Lama.

El film, estrenado en los Estados Unidos a fines de 1997 con muy buenas críticas pero escaso éxito comercial, es una rareza absoluta dentro de la obra de Scorsese por sus implicancias históricas, espirituales y políticas (recibió todo tipo de amenazas por parte del gobierno chino), pero también por su estética, su estilo y su método de producción: como el director no pudo rodar en el Tíbet, se eligieron locaciones en Marruecos y allí, con el aporte de un gran equipo técnico y artístico y de un elenco de actores no profesionales, se construyeron monasterios similares a los que tenían los budistas tibetanos antes de la ocupación y anexión forzada por parte del ejército maoista en 1949 y el inicio de un largo exilio del Dalai Lama que continúa hasta hoy.

Kundun arranca a principios de los años 30, cuando un niño de apenas cuatro años llamado Lhamo es encontrado en el seno de una familia común y designado como el futuro Dalai Lama, y luego narra el largo proceso de formación hasta que el monje llega a la mayoría de edad y se convierte en la cabeza secular y espiritual de los budistas tibetanos. El film, más allá de cierto e inevitable didactismo y pintoresquismo y de unos diálogos en un inglés con acento asiático que suenan un poco forzados, es de una enorme sensibilidad y belleza y, en ese sentido, mucho tiene que ver el aporte del excepcional director de fotografía Roger Deakins en la construcción de subyugantes tomas panorámicas que le dan al relato una dimensión épica.

Precisamente, la fotografía de Deakins (habitual colaborador de los hermanos Joel y Ethan Coen) fue uno de los rubros de Kundun que merecieron gran cantidad de premios hace una década y hasta fue nominado al Oscar, al igual que la música de Philip Glass, la dirección de arte de Dante Ferretti y Francesca Lo Schiavo y el vestuario que también fue creado por Ferretti. Una película que, más allá de su "anomalía", tanto los seguidores de Scorsese como los amantes de la espiritualidad no deberían dejar pasar.
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